"Siento que Dios me llama para hacer el bien en la tierra"

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¡Ven, Espíritu Santo!

                               

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Pentecostés: “Espíritu Santo fuerza divina que cambia el mundo"
Homilía del Papa Francisco en la Fiesta de Pentecostés: El Espíritu cambia los corazones, cambia los acontecimientos, actúa como fuerte reconstituyente y orienta hacia Dios y hacia el mundo.
 Ciudad del Vaticano

En la Solemnidad de Pentecostés, celebrada en la Plaza de San Pedro en el Vaticano, el Papa Francisco resaltó las cualidades que nos otorga el Espíritu Santo, concebido como “la fuerza divina que cambia el mundo”, una fuerza que, como «un viento que sopla fuertemente», “cambia la realidad” y sobre todo, “cambia los corazones”, expresó el Papa durante su homilía en la Santa Misa, e invitó a invocar al Espíritu a nuestros ambientes, antes de nuestras actividades.

El Espíritu Santo cambia los corazones
El Papa Francisco, centrando su reflexión en el pasaje del libro de los Hechos de los Apóstoles, explica que los discípulos - que al principio estaban llenos de miedo, atrincherados con las puertas cerradas también después de la resurrección del Maestro - “son transformados por el Espíritu” y, como anuncia Jesús en el Evangelio de hoy, “dan testimonio de él”. “De vacilantes pasan a ser valientes” - afirmó el Papa – “porque el Espíritu cambió sus corazones”. Un pasaje que el Papa usó como ejemplo para explicar cómo el Espíritu Santo “entra en las situaciones y las transforma, cambia los corazones y cambia los acontecimientos”.

Pero también es el “Espíritu” el que “libera los corazones cerrados por el miedo y vence las resistencias” continuó Francisco, de modo que - a quien se conforma con medias tintas – “le ofrece ímpetus de entrega”. También “ensancha los corazones estrechos”, “anima a servir a quien se apoltrona en la comodidad”, “hace caminar al que se cree que ya ha llegado” y “hace soñar al que cae en tibieza”.

“La experiencia enseña que ningún esfuerzo terreno por cambiar las cosas satisface plenamente el corazón del hombre” afirmó, mientras que el cambio del Espíritu es diferente: “no revoluciona la vida a nuestro alrededor, pero cambia nuestro corazón; no nos libera de repente de los problemas, pero nos hace libres por dentro para afrontarlos; no nos da todo inmediatamente, sino que nos hace caminar con confianza, haciendo que no nos cansemos jamás de la vida”.

El Espíritu Santo: fuerte “reconstituyente”
El Espíritu además, “mantiene joven el corazón”, previniendo el único envejecimiento malsano: el interior. Y lo hace precisamente “renovando el corazón, transformándolo de pecador en perdonado”.

A veces necesitamos un cambio verdadero - dijo el Papa - sobre todo “cuando estamos hundidos, cuando estamos cansados por el peso de la vida, cuando nuestras debilidades nos oprimen, cuando avanzar es difícil y amar parece imposible”. Y es en ese momento cuando el Espíritu actúa como un “fuerte “reconstituyente”: “es él, la fuerza de Dios”, expresó el Santo Padre, que “llega también a las situaciones más inimaginables”.

El Espíritu Santo: alma de la Iglesia
Haciendo una comparación como cuando en una familia nace un niño, que trastorna los horarios, hace perder el sueño, pero lleva una alegría que renueva la vida y la impulsa hacia adelante, el Papa aseguró que es lo mismo que hace el Espíritu Santo en la Iglesia: Él, “la reanima de esperanza, la colma de alegría y le da brotes de vida”, afirmó el Papa.

El Espíritu Santo: fuerza centrípeta y centrífuga
La fuerza del Espíritu Santo es única. Por una parte, es una fuerza centrípeta, es decir, “empuja hacia el centro, porque actúa en lo más profundo del corazón” indicó Francisco, de manera que “trae unidad en la fragmentariedad, paz en las aflicciones y fortaleza en las tentaciones”.

Pero al mismo tiempo – señaló - “él es fuerza centrífuga”, es decir, “empuja hacia el exterior”: El que lleva al centro es el mismo que manda a la periferia, hacia toda periferia humana; aquel que nos revela a Dios nos empuja hacia los hermanos.

Es sólo en el Espíritu Consolador cuando “decimos palabras de vida y alentamos realmente a los demás” - concluyó el Papa – pues, “quien vive según el Espíritu está en esta tensión espiritual: se encuentra orientado a la vez hacia Dios y hacia el mundo”.

Fuente: Vaticans News

  


 Lectura de los Hechos de los Apóstoles (2, 1-11)

Todos los discípulos estaban juntos el día de Pentecostés. De repente un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose enci­ma de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu santo y empezaron a hablar en len­guas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería. 
Se encontraban entonces en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones de la tierra. Al oír el mido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma. Enormemente sorprendidos preguntaban: ¿No son galileos todos estos que están hablando? Entonces ¿cómo es que cada uno los oí­mos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene; algunos somos fo­rasteros de Roma, otros judíos o prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua. Palabra de Dios. Ven, Espíritu Santo, danos vida plena, tu vida de nueva creación, como personas que buscan, en fraternidad gozosa, el camino. 

Ven Espíritu Santo (adaptado para la Congregación)

Creemos que el Espíritu Santo regaló a la Iglesia y al mundo,

el carisma del Amor de Dios, en la persona de Jerónimo Usera.
Su profunda experiencia de Dios
le hace comprender que Dios ama al mundo,
y se siente apremiado por este amor.
Creemos que el Espíritu Santo regaló a la Iglesia y al mundo,
el carisma del Amor de Dios, en la persona de Jerónimo Usera.
Su profunda experiencia de Dios
le hace comprender que Dios ama al mundo,
y se siente apremiado por este amor.
Creemos que somos en la Iglesia
las herederas de este carisma del amor,
que nos urge a cultivar la experiencia de Dios,
a acoger su amor gratuito y encarnarlo en la vida.
 
Creemos que Dios nos consagra por amor.
Que el Espíritu Santo nos convoca a vivir en comunidad,
la experiencia de fraternidad nueva, signo del Reino.
Creemos que la vivencia de la consagración en comunidad
nos hace más disponibles y abiertas
ante el envío donde se crea necesario.
 
Creemos que nuestra misión en la Iglesia es
ser manifestación permanente del amor de Dios a los hombres.
Este amor es nuestro cimiento,
es la sustancia interior que llena nuestros corazones.
Sólo Él hace irrevocable nuestra donación a Dios
en el servicio a los hermanos.
Creemos que la educación y la promoción integral de la persona
es nuestra forma de evangelizar,
ayudando a despertar la conciencia de la dignidad humana,
a vivir la alegría de ser hijos de Dios,
a celebrar la fiesta con los hermanos,
y a promover en el mundo la fraternidad universal.
 
Creemos que Dios nos llama
a través de las necesidades de nuestros hermanos y de los signos de los tiempos.
Vivimos en actitud de discernimiento, asumiendo la inseguridad y el cambio
que nos exige la fidelidad creativa al don recibido.
 
Creemos que la voz de Dios nos llega con más fuerza de los lugares de frontera
donde los más pobres, los sin voz, los marginados
reclaman nuestras vidas
para encontrarse con la salvación liberadora.
Creemos que nuestra vida es un camino hacia el Padre,
en el que María nos guía y acompaña.
Lo vivimos en comunión con Jerónimo Usera
y con las hermanas que nos precedieron,
sintiendo la fuerza de su presencia y
confiando en su intercesión.
 
Creemos que cada día de nuestra vida
Dios comparte con nosotras la misión de su Hijo.
Con la confianza de saber que el Espíritu va delante,
encendemos el fuego del amor de Dios
en nuestro mundo. Amén

 
 
 

Fundación 1.864

Venerable Jerónimo Usera

Venerable Sor Rocío